Salamanca, donde uno debe dejarse
llevar por el espíritu universitario
Ya que andábamos por tierras de León, podemos bajar hacia Salamanca. otra de
las grandes ciudades monumentales de España y Ciudad Universitaria por
excelencia. Una ciudad a la que tienes que llegar con ánimo de dejarte imbuir
por el espíritu universitario que se respira por todos lados, en las calles y en
los mismos muros de sus edificios. Edificios tan emblemáticos como la
Universidad donde es obligado detenerse frente a la fachada para buscar la rana
que se coló como firma. No es tarea fácil porque si no la encuentras pronto, el
cuello empieza a pedirte que cejes en tu intento. Pero a parte de las
curiosidades deberemos tener en cuenta que nos encontramos ante una Universidad
fundada por Alfonso IX de León en 1218, la más antigua de España. Además de la
fachada más bella del plateresco, no podemos dejar de ver las aulas de Fray Luis
de León o de Miguel de Unamuno que todavía se conservan. Y la biblioteca, donde
no se puede entrar, pero uno se queda impresionado viéndola desde los cristales
que la protegen.

Pero hay otra Universidad, la Pontificia, donde destaca su monumental patio
barroco. Y frente a ella la famosa Casa de las Conchas de finales del siglo XV,
el monumento más representativo del arte civil de la época de los Reyes
Católicos. Parece mentira que se pudieran hacer cosas tan bellas, porque su
patio resalta por sus formas limpias. La verdad es que en Salamanca no paras
porque hay multitud de sitios que visitar como la iglesia del Sancti Spiritus,
la Torre del Aire, el Palacio de Orellana, el Palacio de los Anaya, la Catedral
vieja y el patio Chico, la Cadretal nueva, la Casa de Santa Teresa, el Toro y el
puente Romano, el convento de las Claras, el Huerto de Calixto y Melibea, donde
dicen transcurrieron las inmortales páginas de «La Celestina», los Museos y no
me olvido de la casa Museo de Miguel de Unamuno, por mi especial predilección
hacia él. Ni tampoco de la Plaza Mayor, lugar de reunión y quizás la más bella
Plaza de España con los edificios del Ayuntamiento y del Pabellón Real. Con
tanto recorrido no es de extrañar que empecemos a tener hambre. Y en este
sentido, estamos en un buen lugar porque bien se sabe de las excelencia
culinarias de esta tierra, sobre todo, en cuestión de carnes y de vinos.
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